27 ago. 2008

Mstislav Rostropovich (1927-2007)




Rostropovich fue simplemente uno de los músicos más grandes que jamás hayan existido.

En términos del violonchelo, fue un coloso: muy probablemente el chelista más grande de todos los tiempos.

Aparte de su superlativa interpretación, Rostropovich tenía una perspectiva de futuro e inspiró una asombrosa cantidad de nuevas obras para violonchelo.

Compusieron para él Britten (cinco piezas), Shostakovich (dos conciertos), Prokofiev, Walton, Lutoslawski, Dutilleux, Khatchaturian, Penderecki (la lista parece interminable)...

Sería difícil mencionar a otro músico que haya estado cerca de igualarlo en su logro de crear un repertorio enteramente nuevo para su instrumento.

Escuché por primera vez a “Slava” Rostropovich cuando tenía 13 años. Había escuchado a otros chelistas antes, pero ninguno había tenido el mismo impacto en mí.

En 1964, brindó una serie de nueve conciertos en Londres, tocando 30 diferentes conciertos en solo cuatro semanas.

En el programa, Rostropovich escribió: “El chelo se ha convertido, en nuestros tiempos, en una tribuna, un orador, un héroe dramático”.

Esta fue una frase que me llegó profundamente, y fue Rostropovich sin dudas quien me inspiró para tomar el chelo como mi propia profesión.

Rostropovich tenía un magnetismo tan extraordinario como intérprete que a menudo recibía una ovación de pie antes que incluso hubiera empezado a tocar una sola nota.

Ninguno de los presentes en el Royal Albert Hall en agosto de 1968 podrá olvidar jamás su extraordinaria performance del concierto de Dvorak.

Era el día en que los tanques soviéticos habían entrado en Praga, y Rostropovich estaba interpretando el famoso concierto Checo con una orquesta soviética bajo la dirección de un soviético.

Muchas personas sentían que el concierto debía ser cancelado, pero él siguió adelante, con protestantes tanto dentro como fuera del salón.

La tensión era insoportable, y cuando Slava llegó al hermoso tema del violonchelo en el primer movimiento había lágrimas corriendo por sus mejillas.

A nadie en la sala le quedó ninguna duda sobre qué lado estaba su simpatía.

Cuando Rostropovich entraba en una sala, todo el mundo parecía energizarse. Su entusiasmo era maravillosamente contagioso.

Músicos, estadistas y la realeza, todos adoraban a Slava. Cuando el senador Edward Kennedy se enteró de sus problemas en la Unión Soviética, personalmente le pidió a Breznev que interviniera. Sorprendentemente, se le garantizó a Rostropovich una visa de dos años para “viajar por motivos artísticos”.

Cuando entrevisté a Rostropovich para este periódico en el año 2004, le pregunté si, dados sus contactos de alto nivel con políticos, nunca se había sentido tentado de entrar en la política.

Él respondió: “La gente comete un gran error al pensar que yo estoy interesado en la política. Estoy interesado en las personas. Al principio, yo era un muy buen ´ciudadano soviético´. Pero cuando me enteré de la difícil situación de Solzhenitsyn fui a verlo, y lo estaban tratando como un perro. Le ofrecí refugio, y allí comenzaron mis problemas”.

A menudo se ha dicho que el violonchelo es el instrumento más cercano a la voz humana, y Slava lo hacía “hablar” como ningún otro. El secreto está no solamente en su fraseo, sino también en su sonido. Rostropovich convencía a su audiencia con su violonchelo, y su sonido estaba lleno del aliento de Dios.

Traducido de: The greatest cellist of all time. Julian Lloyd Webber.
véase el art. original en:
http://www.telegraph.co.uk/news/uknews/1549864/
Sí, ya se que se me va la mano con los videos, pero tenganmé paciencia, soy fanática de Rostropovich!

Video 1: Suite para violonchelo no.5 (Preludio), de Bach. Mstislav Rostropovich.



Video 2: Rostropovich tocando, mientras caía el muro de Berlín.


Video 3: Una clase magistral: Kronberg Academy


Video 4: Kronberg Academy. In memory of Slava.

18 ago. 2008

Divertimento

El término "divertimento" se utiliza en música de cámara y música para teclado, especialmente en el siglo XVIII, para una obra de carácter ligero. Viene del italiano, y tiene un sentido de entretenimiento, diversión. El plural puede ser "divertimenti" o "divertimentos".

En francés, "divertissement", se aplicó durante el siglo XVIII a interludios musicales dentro de una obra de teatro o una ópera, pero que no tenían relación con el argumento principal. Por extensión, estos interludios se convirtieron en un conjunto de números sin intención narrativa incluídos en un ballet, como las danzas nacionales del segundo acto de "El Cascanueces", de Tchaikovski.

El título de "divertimenti" fue aplicado por primera vez a colecciones de música vocal e instrumental publicadas en italia a finales del siglo XVII. Esta terminología se extendió por Austria durante el siglo XVIII. Haydn la aplicó a varias de sus primeras obras para teclado (también lo hizo por ejemplo Georg Christoph Wagenseil), a todos sus cuartetos de cuerda hasta la opus 20 (1772), y a un gran número de obras relativamente ligeras para conjuntos de cuerdas y de vientos. Mozart también la utilizó durante su etapa en Salzburgo para tres composiciones para cuerdas y trompas (1772), cinco sextetos de vientos, probablemente escritos como música para la cena del arzobispo Coloredo (1775, 1776), y para cinco obras para cuerdas y vientos (1773-1780). En esta última serie, el título de divertimento parece una indicación especial para composiciones interpretadas a "solo", en oposición a "serenata", indicada para obras orquestales.

La mayoría de estos divertimentos tenían seis movimientos en lugar de los tres o cuatro de otras composiciones de cámara. Esa debe ser la razón, y no el carácter de la música, por la que Mozart llamó a su gran trío para cuerdas K.563 (1788) "Divertimento... en seis movimientos".

En el siglo XIX, este término fue aplicado frecuentemente a obras ligeras y brillantes para o que incluían piano. Este es el caso del "Divertissement á l´Hongroise, D.818 para dos pianos", de Franz Schubert.

En el siglo XX, estuvo asociado con obras de cámara u orquestales ideadas para el disfrute, sin mayores complicaciones. El "Divertimento para cuerdas" (1939) de Bártok va más allá de esta descripción en la intensidad de su movimiento lento. Otras obras más cercanas a la idea antes señalada son: "Divertissement" (1929, 1930) de Ibert, "Divertimento" (1934) de Stravinski, "Divertimento" (1941, sobre obras para teclado de Couperin) de Richard Strauss, y el "Divertimento on Sellinger´s Round" (1953, 1954) de Michael Tippett.

Fuente (parcial): MSN Encarta
http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_961522198/Divertimento.html

A continuación: Wolfgang Amadeus Mozart: Divertimento K.136, primer movimiento, dir. por Yehudi Menuhin.


Franz Joseph Haydn: Divertimento para violonchelo y orquesta de cuerdas en Re mayor: III. Allegro di molto. I Musici de Montreal - Yuli Turovsky.


10 ago. 2008

HUMOR




¿Cómo está conformado un Cuarteto de Cuerdas?
Un violinista muy bueno; otro violinista no tan bueno; un músico al que le gustaba tocar el violín, ¡y un músico que odia a todos los violinistas!


¿Genio yo?
El gran violinista Pablo Sarasate (1844-1908), al enterarse de que un crítico lo llamó "genio", moviendo la cabeza de manera molesta dijo :
- A lo largo de treinta y siete años he estudiado violín no menos de doce horas diarias ¡¡¡y ahora este señor me llama "genio"!!!
Revista Claves Musicales Nº 16


Anécdota de director y contrabajista
Me acordé de una anécdota que pinta de cuerpo entero a un gran músico y director ya fallecido, Simón Blech. Todos los músicos que estuvimos bajo su batuta sabíamos de su mal carácter en el podio, pero no hay duda de que por sus conocimientos y arte era muy respetado.
Durante un ensayo para un concierto, hace varios años ya, Blech le pidió a los contrabajos que vibraran cierta nota. Al parecer los contrabajos no le hacían caso, ya que se volvía a pasar el mismo sitio de la partitura una y otra vez y siempre lo mismo. En un momento dado, el director centró su furia contra uno de los contrabajistas (que ahora es el solista de una orquesta muy importante nuestra). Simón Blech le espetó: - "¡¡¡¡¡Vibreeeeeeee!!!!!"
Su voz sonaba a Júpiter Tonante.
A esto, el contrabajista respondió, tímidamente:
- "Maestro, tengo el Sol al aire..."y Blech, sin esbozar ni una sonrisa, le contestó rápidamente - " ¡Si lo tiene al aire, tápelo!"
Revista Claves Musicales Nº 16

Anécdota de Henrik Winieawski
Un millonario de San Petersburgo, "amante de la música", al invitar al violinista Henrik Wieniawski (1835-1880) a tomar una taza de té, como si nada le dijo :

- Por cierto, también tráigase su violín.
- En nombre de mi violín se lo agradezco -respondió el músico- pero es que él no toma té.
Revista Claves Musicales Nº 17

En un ensayo, el famoso director Thomas Beecham le dijo a una violonchelista de la orquesta :
"Tiene usted entre las piernas el instrumento más sensible conocido por el hombre, y lo único que sabe hacer es rascarlo"
Revista Claves Musicales Nº 22


¿Por qué la gente tiene miedo cuando ve a alguien entrar a un banco con un estuche de violín?Porque piensan que lleva una ametralladora y creen que la va usar.
¿Y por qué la gente tiene miedo cuando ve a alguien entrar al banco con un estuche de viola?¡Piensan que lleva una viola y tienen miedo de que la use!"Vendo Viola usada. Nueva a partir de la segunda posición."
Revista Claves Musicales Nº 29

Se lee en el periódico: "Se vende estuche (de regalo, va una viola)".
Revista Claves Musicales Nº 30

Dos perlitas de humor muy negro sobre directores...
¿Te enteraste de aquel vuelo charter de directores de orquesta?
La buena noticia: se estrelló.La mala noticia: había tres asientos libres.¿Cuál es el peso ideal de un director? Alrededor de 2 kilos, incluida la urna.
Revista Claves Musicales Nº 10
¿Sabes por qué son tan codiciados los corazones de directores para transplantes? Porque tienen poco uso.
Revista Claves Musicales Nº 12


Video: Les Luthiers: Hablando sobre Mastropiero.

4 ago. 2008

Rachmaninoff, Sergei Vassilievich (1873-1943)




Uno de los más grandes ejecutantes de nuestro tiempo. Pianista precoz, tuvo también pronto éxitos como compositor, y, en 1892, obtuvo una medalla de oro en composición, por el Conservatorio de Moscú, en el que había terminado sus estudios.
Ya a fines de siglo, Rachmaninoff se había dado a conocer como pianista en muchos países de Europa, obteniendo éxitos extraordinarios, que le permitieron conocer a Liszt.
Pasó muchos años en Dresde, Alemania, y fue director de la orquesta de la Sociedad Filarmónica de Moscú. Al estallar la Revolución, abandonó Rusia, con su familia, y vivió mucho tiempo en París, trasladándose después hasta los Estados Unidos, donde vivió hasta su muerte, alternando breve estancias en Suiza y continuas “tournées” como pianista por todo el mundo.
Su maestría de ejecutante ha quedado documentada en numerosas grabaciones discográficas, que nos permiten comprobar la magnífica claridad expresiva de su “touché”, acompañada de un virtuosismo trascendente, a menudo asombroso.
Rachmaninoff como compositor
Una gran parte de su producción está definitivamente olvidada, especialmente sus óperas (Aleko, 1893; El caballero avaro, 1906; Francesca de Rimini, 1906; Paganini, 1939).
Sin embargo, algunas de sus composiciones no sólo son interpretadas todavía, sino que alcanzan un amplio éxito general, que no parece que vaya a disminuír. Así, se encuentra siempre con los ataques más severos de la crítica, salvo poquísimas excepciones, y con los auténticos entusiasmos de un público que, por el contrario, acepta enteramente, al menos una parte de su música.
Indudablemente, Rachmaninoff no tiene una notable personalidad de compositor: su estilo es ecléctico, sus fuentes son confusamente cosmopolitas, los elementos rusos no van más allá de un genérico folklorismo, sin estar siquiera apoyados en una técnica refinada y precisa.
Sin embargo, es posible explicar (al menos en parte) el motivo de tan ideal afinidad con el público que llena los conciertos. Rachmaninoff tiene un sentido infalible de la construcción arquitectónica, análogo al que sostiene las grandes construcciones sinfónicas de Tchaikovski, pero más evidente aún gracias a un lenguaje más sencillo, más fluido, más transparente.
En sus páginas más logradas siempre se puede seguir con facilidad el edificio sonoro en todos sus detalles, y siempre resulta fascinante adentrarse con tanta facilidad en construcciones que se presentan grandiosamente complejas.
Calvocoressi, en su estudio sobre la música rusa, cita la observación de un crítico acerca de la inventiva de Rachmaninoff: “Entre las muchas cualidades que contribuyen a la formación del talento musical, tiene desarrollada una en grado máximo: la imaginación. Y por imaginación entiendo una riqueza insólita de imágenes y la facultad de saber ordenarlas. En sus años juveniles, Rachmaninoff tenía un oído que no necesitaba ser educado y una memoria que no exigía ser cultivada. Por eso pudo adquirir un rico patrimonio de imágenes-sonidos, antes de comenzar su aprendizaje formal”.
Obras
Cantata La Primavera, op.20 (1902) y Las Campanas, op.35 (1910). Sinfonía en mi menor no.2, op.27 (1907), y la no.3, op.44 (1936). Concierto en re menor no.3 para piano y orquesta, op.30 (1909). Rapsodia sobre temas de Paganini, para piano y orquesta. Algunas composiciones de cámara, el Trío elegíaco op.9 (1893) en memoria de Tchaikovski. Sonata en do menor para violonchelo y piano op.19 (1901).
Pero las páginas que aseguran la fama al compositor son, sobre todo, el conocidísimo Concierto en do menor no.2, para piano y orquesta, op.18 (1901) (todavía un auténtico caballito de batalla de todos los mejores virtuosos y delicia incondicional de todos los públicos), y muchas páginas pianísticas: Cinco piezas, op.3 (1892), dedicadas a Arenski, entre las cuales se encuentra el celebérrimo Preludio en do sostenido menor, los Siete fragmentos op.10 (1894), las dos colecciones de Preludios op.23 (1903-1904) y op.32 (1910), los Etudes-Tableaux op.33 (1911) y op.39 (1916-1917).
También es interesante su vasta producción liederística, poco conocida fuera de Rusia. Esta producción es de especial interés por dos motivos: porque Rachmaninoff puede ser considerado el iniciador de este género en Rusia, y porque contiene algunas de sus mejores páginas.
Bibliografía
Historia de la Música Códex, vol. IV: Europa del 1800 y música del 1900. Los postwagnerianos y las escuelas nacionalistas. El siglo XX. Pp.178-180.

Video: Rachmaninoff: Concierto para piano no.3 (1939)