5 oct. 2010

La Música en Tiempos de Guerra

Music in time of war / Peter Gutmann

Principios de Marzo de 2003. – "Yo siempre espero ver mis columnas publicadas, pero realmente creí que los editores iban a rechazar esta. Me imaginé que las tensiones habían disminuido y que su importancia ya había pasado. Pero, ¡ay! Mi fecha límite llegó, y todavía estamos abrumados por los pensamientos sobre la guerra. De hecho, a pesar de los grandes titulares a diario, las constantes actualizaciones de las noticias y los alertas de seguridad, me siento en mi oficina del centro de Washington en pleno Código Naranja, apenas a cuatro cuadras de la Casa Blanca, en medio de las patrullas, los helicópteros, la vigilancia y la sirenas, y es muy difícil pensar en otra cosa.



En tiempos tan difíciles, la pureza enrarecida de las bellas artes parece insignificante, una indulgencia egoísta e inútil, un intento vano de ocultarnos de las terribles visiones y de los temores debilitantes. Soy incapaz de evadir la penetrante obsesión que nos consume, y tengo que dejarles a los expertos las cuestiones más relevantes y de mayor peso acerca de las raíces y las soluciones de nuestra actual crisis, de las que mi conocimiento es derivativo y mis opiniones, en gran medida, sin importancia. Pero puedo ofrecer algunas reflexiones, lamentablemente oportunas, acerca de la música y la guerra". -Peter Gutmann

La música siempre ha desempeñado un rol integral en la guerra, en sus preparativos y sus consecuencias. Desde la organización de las formaciones, hasta el lanzamiento de cargas de la caballería, los sonidos de los toques de trompeta, los tambores y las bandas marciales han marcado las rutinas, coordinado las maniobras, resaltado ceremonias, celebrado victorias y lamentado pérdidas.

Pero cuando se trata de la guerra en la música, las dos cosas raramente se mezclan. En comparación con su predominio en el teatro, la pintura y el cine, es muy poca la música que realmente representa o se refiere a la guerra en sí misma. Aún así, dadas sus acciones en el comercio, los compositores naturalmente han sido atraídos al sonido puro de la guerra. Después de todo, la explosiva potencia de las municiones debe haber llenado de un enorme estremecimiento visceral en la era prehistórica, antes de los conciertos de rock, de los “home teathres”, de los amplificadores de megavatios y de los “subwoofers”.

Curiosamente, mientras lo reverenciamos como una de las mentes musicales más brillantes de todos los tiempos, Beethoven produjo una de las pocas representaciones literales de la guerra en su obra “La victoria de Wellington” (o “La Batalla de Vittoria”), de 1813.

Al principio, Beethoven reverenciaba tanto a Napoleón, como un libertador populista, que le ofreció la dedicatoria de su notable Tercera Sinfonía, pero después la escribió simplemente “a la memoria de un gran hombre”, cuando Bonaparte se autoproclamó emperador.

Si bien Beethoven puede haber estado sinceramente conmocionado por la derrota de Napoleón, sus motivaciones también eran mercenarias.




“La victoria de Wellington” fue escrita para el Panarmónico, una orquesta mecánica que cubría su crudeza con una enorme batería de percusión. Este artefacto había sido inventado por su amigo Johann Maelzel, que se granjeó la estima del compositor, cada vez más sordo, gracias a otro de sus inventos, la trompetilla.

Si bien no era más que un pastiche oportunista y falto de inspiración, de himnos nacionales y marchas, la enorme popularidad de “La victoria de Wellington” impulsó la fama de Beethoven y sus considerables ingresos reforzaron sus tenues finanzas.

Cuando Beethoven presentó en un gira esta obra, en una versión para orquesta en vivo, su orquestación especificaba los compases precisos para cada uno de los 188 disparos de cañones y las 25 salvas de mosquetes, dispuestos de forma espacial para sugerir los ejércitos opositores.

Su grabación más famosa, la de Antal Dorati y la Sinfónica de Londres, para el sello “Mercury Living Presence”, tuvo una espectacular alta fidelidad, haciendo gala de una auténtica artillería tomada del Museo West Point, mientras que un corte del LP presentó además pruebas de audio y grabaciones de campo reales de los disparos y las explosiones. “La victoria de Wellington” claramente le allanó el camino a la “Obertura 1812” de Tchaikovsky, otro estilizado choque de antífonas en celebración de la derrota de Napoleón cuyos ligeros méritos musicales están efectivamente eclipsados por la distracción visual y sonora del despliegue de fuegos de artificios, cañones y artillería, presente en casi todas las modernas presentaciones y grabaciones.




Más común es el tratamiento musical de la guerra a nivel simbólico. Uno de los más antiguos se encuentra en la obra “Madrigali guerrieri ed amorosi” (“Madrigales de guerra y amor”), de Monteverdi (1638).


Pero sin embargo, las piezas de Monteverdi sobre la “guerra” no representan o no se refieren a la guerra en sí misma, sino que funciona más bien como una metáfora de los sentimientos del poeta, de la angustia y la traición en el amor. De acuerdo con la inusual pasión de los textos, la música introdujo el entonces innovador estilo “agitado”, que trascendió el antiguo método puramente contrapuntístico con recursos dramáticos de escalas rápidas, ritmos punteados, repeticiones enfáticas y repentinos cambios de dinámica. Su contraste con el tono fluido y sumiso de los típicos madrigales evoca la conmoción de los pensamientos marciales.

                                                                              
Para ver la segunda parte de este artículo: La Música en Tiempos de Guerra (2)


Traducido de:

Peter Gutmann: Music In Time of War: ... or how I had to stop listening in order to love the Bomb.
Para ver el art. original: Classical Notes
(naturalmente, los videos no están en el artículo original, sino que son un agregado mío).
 


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