El Coro del Tabernáculo Mormón está conformado por unas 360 voces (miembros de la iglesia), en edades que van desde los 25 hasta los 60 años. El coro periódicamente ensaya y se presenta en su lugar de residencia, en las sedes de de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Salt Lake City, Utah. Para muchos de sus miembros, participar en el coro es una tradición familiar. Hay matrimonios, y muchas familias que cuentan dos o tres generaciones participando dentro del coro. No reciben ninguna retribución monetaria, y entre ellos están representadas todas las profesiones posibles: hay secretarios, médicos, constructores, maestros, contadores... El coro, uno de los más antiguos y más grandes del mundo, se ha presentado ante varios presidentes, ha grabado miles de álbumes, tiene programas de radio y televisión, y permanentemente realiza giras a través de los Estados Unidos y el mundo entero.
El Coro del Tabernáculo Mormón fue fundado en 1847, aproximadamente un mes después de que el primer grupo de la iglesia se trasladara a Salt Lake City. Desde su creación, la primera gira nacional del coro fue en 1893: allí se presentó en la Feria Mundial de Chicago. Más tarde, se presentó en Europa, América Central, Brasil, Escandinavia, Japón, Australia, el Este de Asia, la ex Unión Soviética, e Israel.
Este coro también ha cantado para presidentes como Lyndon Johnson, Richard Nixon, Ronald Reagan, George H. W. Bush y George W. Bush.
El órgano del Coro
Con más de once mil tubos, el gigantesco tamaño del órgano y su sonido distintivo se ha convertido en un componente vital para el Coro del Tabernáculo Mormón. El primer órgano de la iglesia fue traído en barco desde Australia en los años 1800. Cuando se construyó la nueva iglesia en Salt Lake en 1867, se fabricó un nuevo órgano, para que cupiera en el espacio. Desde entonces, el órgano ha sido remodelado y renovado cinco veces. Empezó con unos dos mil tubos; ahora tiene unos sorprendentes 11.263 tubos (de los cuales, 132 son originales).
Mitsuko Uchida es una artista que aporta una visión profunda sobre la música, a través de su propia búsqueda de la verdad y la belleza. Es reconocida por sus interpretaciones de Mozart y Schubert, tanto en salas de concierto como en CDs, pero también ha iluminado la música de Alban Berg, Schöngberg, Webern y Boulez, para una nueva generación de oyentes. Su grabación del Concierto para Piano de Schönberg, con Pierre Boulez y la Cleveland Orchestra, ganó cuatro premios, incluyendo “The Gramophone Award” como Mejor Concierto (Los Gramophone Awards son considerados como los “Oscars” de la música clásica).
Durante las recientes temporadas, ha estado interpretando las últimas tres sonatas para piano de Beethoven, y el opus 101 y opus 106 (Hammerklavier). Su interpretación de las sonatas Opus 109, Opus 110 y Opus 111, en el Royal Festival Hall, fue descrita por John Allison, crítico del Times, como “uno de los conciertos más transportadores que Londres haya escuchado en el año”.
Michael Church, de la “BBC Music Magazine”, afirma sobre su grabación de las sonatas Opus 101 y Opus 106 de Beethoven: “Beethoven en toda su grandeza y con toda su capacidad de expresar la agonía espiritual (el movimiento lento) y la lucha heroica y el triunfo (el primero y el último movimiento) revelados con una aplastante franqueza… Este disco es de un calibre tal que me considero afortunado de encontrar uno en una década”.
Uchida recientemente ganó el premio de la “BBC Music Magazine” como “Instrumentista del Año” y “Disco del Año” por su grabación.
Mitsuko Uchida se presenta alrededor de todo el mundo con partenaires muy diversos. Algunos puntos destacados en su trayectoria han sido su residencia artística en la Orquesta de Cleveland, donde dirigió los conciertos de Mozart desde el teclado durante varias temporadas. También ha sido el foco principal de la serie “Perspectives” del Carnegie Hall titulada: “Mitsuko Uchida: Vienna Revisited”.
Se presentó en la serie “Carte Blanche” del Concertgebouw, donde colaboró con Ian Bostridge, el Cuarteto Hagen, la Orquesta de Cámara de Europa, y la Orquesta Real del Concertgebouw, y dirigiendo también desde el piano la performance de “Pierrot Lunaire”, de Schönberg. Estos conciertos además fueron el foco de una serie de la Filarmónica en Colonia y el Barbican Centre en Londres.
En enero de 2006 Mitsuko Uchida participó en las celebraciones por el natalicio de Mozart en Salzburgo, junto con la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Riccardo Muti; también tocó con el Cuarteto Hagen, y apareció en un recital.
Esta temporada, Uchida es una artista-en-residencia en la Orquesta Filarmónica de Berlín. Su residencia incluirá interpretaciones del Concierto para Piano de Schumann con Sir Simon Rattle, y una serie de cuatro conciertos de música de cámara. También es artista residente en el Konzerthaus Vienna y en el Salzburg Mozartwoche.
Mitsuko Uchida tiene exclusividad con Decca, y sus grabaciones incluyen las sonatas para piano (completas) de Mozart y los concierto para piano; las sonatas para piano de Schubert, completas; los Etudes de Debussy; los cinco conciertos para piano de Beethoven, con Kurt Sanderling; un CD de las Sonatas para Violín y Piano, de Mozart, con Mark Steinberg; “Die Schöne Müllerin”, con Ian Bostridge para EMI; y las últimas cinco sonatas para piano de Beethoven. Hace poco tiempo publicó una grabación del Concierto de Cámara de Berg con el Ensemble Intercontemporain, Pierre Boulez y Christian Tetzlaff.
Por último, para destacar: Mitsuko Uchida ha demostrado un gran compromiso para con el desarrollo de los músicos jóvenes, y participa en la administración del Borletti-Buitoni Trust. Además, es co-directora, junto con Richard Goode, del Festival de Música de Marlboro.
Mitsuko Uchida en el piano, Jeffrey Tate dirige la Orquesta Mozarteum: Concierto para Piano No.9 "Jeunehomme", en Mi bemol mayor, K.271 (de Mozart). Se trata de una actuación en el Festival de Salzburgo, grabada en el Mozarteum, en 1989. (En este caso, es el tercer movimiento)
Uchida dirige y toca: Concierto para piano No.20, de Mozart.
Dentro de la familia del violín, el contrabajo es el instrumento de sonoridad más profunda.
Es rarísimo que se escriban solos para contrabajo: es mucho menos “maniobrable” que los otros instrumentos de cuerda; además, las cuerdas son muy gruesas, y producen un sonido áspero, seco, parecido a un zumbido, cuando se toca con arco.
Pero sin embargo, el papel del contrabajo en los grandes conjuntos y orquestas es vital. Se utiliza para dar las notas más graves y los registros más bajos de las armonías; confiere gran profundidad y resonancia a la sección de cuerdas (y a toda la orquesta, por supuesto). El contrabajo toca con frecuencia a una octava más grave la parte que interpretan los violonchelos, lo cual le agrega una riqueza y profundidad considerables a la tesitura de este instrumento.
Hasta finales del siglo XIX normalmente doblaban la parte de los violonchelos, a distancia de una octava más grande, pero sostenían la línea del bajo si a los violonchelos se les encomendaba una melodía. En cambio, los compositores modernos frecuentemente escriben partes independientes para violonchelos y contrabajos.
El contrabajo es mucho más grande que el violonchelo (1.85m), y las cuerdas son más largas y más gruesas. La distancia que debe abarcar la mano para encontrar las diferentes notas es proporcionalmente mayor. El intérprete debe estar de pie o apoyarse en el borde de una banqueta alta.
En cuanto a la forma, es ligeramente la misma que la del violín, la viola y el violonchelo. El fondo es menos abombado y los hombros caen más, dos características de la antigua familia de la viola da gamba, que permiten en este caso al instrumentista abrazar convenientemente el instrumento al tocarlo.
Originalmente los contrabajos tenían sólo tres cuerdas, pero hoy en día tienen cuatro y a veces cinco; la quinta cuerda llega hasta un Do grave: así, el registro queda entonces exactamente a una octava por debajo del violonchelo.
Algunos datitos técnicos: la música para contrabajo se escribe en clave de Fa, pero una octava más aguda de lo que suena en realidad; esto se hace para evitar el uso excesivo de líneas adicionales en la parte inferior del pentagrama. A diferencia del violín, la viola y el violonchelo, que están afinados por quintas, el contrabajo se afina por cuartas.
Algunas obras para contrabajo:
A. Dubensky: Fuga para ocho contrabajos.
S. Koussevitsky: Concierto para contrabajo.
E. Varése: Octandre.
Para contrabajo solista y orquesta:
Dittersdorf: Concierto en Mi mayor; Sinfonía Concertante (con viola).
Solos orquestales para contrabajo:
Mahler: Sinfonía No.1 en Re mayor, tercer movimiento.
Prokofiev: Romance, de: El Teniente Kijé.
Stravinski: Vivo, de: Pulcinella (con un trombón)
Para la sección de contrabajos en la orquesta:
Beethoven: primera parte del Finale de la Sinfonía No. 9 ("Coral")
Bien, primero lo primero.
LSO Masterclass - Double Bass. Rinat Ibragimov.
S. Koussevitsky: Concierto para contrabajo, Francois Peloquin.
Stanley Clarke, un solo de contrabajo...
Christian McBride, "Turnaround" (de Ornette Coleman) con Joshua Redman, Pat Metheny and Brian Blade.
"Comencé a tocar el violín a los siete años de edad, sin ningún deseo. Empecé otra vez a los nueve, con un poco más de ganas, gracias a mi querido Gaby Gaglio, del Conservatorio de Niza, Dede Robert, amigo de la familia, mi querido Veda Reynolds del Conservatorio de Lyon, y, por supuesto, Marie-Claude Apap, mi creadora, quien me trajo, sin que yo se lo pidiera, al Planeta Tierra. Pero le estoy muy agradecido por ello. De todos modos, estos maestros me enseñaron cómo tocar Sevcik y Kreutzer, casi en afinando, y concertos con vibratos en cada nota, casi afinando. Al mismo tiempo, escuché a los grandes –Fritzi, Yehudi y Zino. Aprendí más sobre el viejo cascarrabias Jascha con la gran Nina Bodnar.
Si usted desea saber cuál es mi compositor favorito, bueno, me gusta todo lo que toco, o no estaría tocándolo, a menos, por supuesto, que el dinero fuera generoso. Entonces lo tocaré, pero estaré seguro de no tocarlo otra vez, a menos que el dinero sea generoso.
Empecé a tocar el violín a los veintiséis años de edad. Mejor tarde que nunca.
Me tomó diecisiete años darme cuenta (con todo el debido respeto hacia los compositores fallecidos) que había algo allí que podía abrir mi tercer ojo y todos mis chakras: la música folk. Había escuchado ya un poquito de jazz, blues, swing y música gitana, pero nunca los sonidos de Tommy Jarrell, Kevin Burke, Bill Monroe, Ramanujam, su hijo Balaji, y Dennis McGee.
Luego fueron mis compinches de viaje. El gran Jimmie Wimmer, quien me enseñó “The Cumberland Gap” y algunas melodías irlandesas, gratis, y mi otro compañero, Phil Salazar, que me cobró $27.48 por una hora de hierba azul, grabaron “Sally Gooden” para mí, y declararon que yo les había preguntado cómo hacer para tocar tan sucio como ellos.
En mi cumpleaños número 27 (que fue el 21 de mayo de 1963, en Bougie, Argelia), Phil me llevó a mi primera terapia de grupo, en el Festival de Música Strawberry, en Yosemite, que me curó de todas las enfermedades mentales que había contraída en los conservatorios franceses e institutos americanos a lo largo de los años. Escuché a mis amigos Ken y Jeannie Kepler, así como tocan melodías Cajun, entran en esta música tradicional para violín de Nuevo México, de los indios Guachi. Peter Feldman, en fin, los dos nos habíamos divorciado casi al mismo tiempo. Me cocinó una buena sopa de guisantes y me preguntó si podía tocar “Dixie Breakdown”.
¿Y qué pasó? Bueno, todavía siento ese amor por los compositores clásicos vivos y muertos.
Yehudi Menuhin una vez escribió una frase para mí. Si mi vida dependiera de ello, no podría armar una frase así. De manera que aquí está. Espero que les guste.
´La diferente música folclórica, en particular la de los pueblos que, lamentablemente, están en vías de extinción, está para que la asimilemos, está para que nos inspiremos en lo que tiene para ofrecernos, por sus características, y para garantizarle a esta música un nuevo resurgimiento a través de la imaginación creativa de los músicos que son capaces de tocar todo. Para mí, usted es el ejemplo de un músico del siglo XXI. Usted representa la dirección en la que la música debe evolucionar; por un lado, el respeto patrimonial por las preciosas obras clásicas, presentándolas en un estilo correcto y con la intensa comunicación que era adecuada en su época; por otro lado, el descubrimiento de la música [popular] contemporánea y su elemento creativo, no sólo en la improvisación, sino también en la interpretación´".
Cómo puede uno deshacerse de enfermedades mentales causadas por hongos contraídos en conservatorios de música, y qué se puede hacer si uno está llorando, rechinando los dientes, levantando el hombro derecho o el izquierdo y el profesor está gritándonos palabras feísimas, según receta de Gilles Apap:
“Vete a casa, toma un lindo baño caliente. Agrega dos gotitas de aceite de romero, una gotita de manzanilla romana, tres gotitas de madera de sándalo. Deja pasar unos diez segundos entre cada gota. Enciende unas velas, perfumadas si es posible. Toma el control remoto de tu cd. Deshazte de tus ropas, y entra en la confortable, agradable, agua caliente. Cierra tus ojos y no te olvides de respirar. Toma el control remoto, y presiona el cd número uno. Escucharás a Fred Cockerman y Tommy Farrell –un dueto de violín y banjo. Después de 55 minutos de esta maravillosa música, puede que tengas la necesidad de orinar. Ten cuidado, porque el hecho de orinar en la bañera puede entrar en conflicto con los esencias aromáticas potenciadoras. Pero sin importar lo que pase, mantente concentrado en tu respiración. (El latido de tu corazón, ahora, debe ser un poquito más lento). Cambia al cd número dos. El jugueteo fuerte de Kevin Burke en “If the cap fits”. Te permitirá relajarte en serio, y tomar conciencia de ti mismo y nada más que ti mismo… Se cuidadoso al salir de la tina. Sécate, y toma una maravillosa infusión de manzanilla mientras presionas el tercer botón, y estarás escuchando a Stuff Smith: “The mad genius of the violin, vol. I”. Te sentirás muy, pero muy relajado. Luego, ve y toma una pequeña siesta. Mantente respirando todo el camino hasta tu cama. Espero que lo hagas, y que hayas cambiado las sábanas y puesto una bolsita de lavanda debajo de la almohada. Ahora es el momento de que reflexiones sobre el mal día que tuviste y cómo podrías hacer para tratarte un poquito mejor a ti mismo”.
Críticas fulminantes (una muestra):
Carta al Editor, Santa Barbara News-Press, 2 dic 1999.
"Asistir al reciente concierto de Gilles Apap en Victoria Hall ha resultado ser una de las experiencias más decepcionantes y frustrantes de mi historia musical. Decepcionante porque aquí está un artista musical con un talento otorgado por Dios, que se convirtió en un “animador” de una manera barata, vulgar y exhibicionista.
Su aparición, con su camisa suelta, fue definitivamente etiquetada (hippie) y sus travesuras con el violín –punteando las cuerdas al revés- fueron groseras. Sus libertades con el Concierto de Mozart fueron tan desconcertantes para mí como para todos los estimados miembros de la orquesta sinfónica, que estaban demasiado traumatizados como para salir del escenario en protesta.
Su número final, respaldado por un piano, un guitarrista y un contrabajo, fue una absurda mezcolanza musical de popurrí con poca o ninguna significación musical en absoluto.
Se ha convertida en un cultista y, por lo tanto, ha recibido una ovación de pie por parte de sus fanáticos adoradores, que igual hubiera ocurrido si tocaba “palillos”.
Vamos, Gilles, usted tiene talento. No degrade su talento musical con una aparición y performance barata y vulgar. Esperamos un mínimo de profesionalismo en un prodigio musical multi-talentoso". Edie Marquedtson